MI EXPERIENCIA EN LA OLIMPIADA NACIONAL DE GEOLOGÍA

“El viernes 20 de marzo de 2026 comenzó mi aventura. Me levanté a las 08:00. A las 09:15 tomé un autobús rumbo a Madrid para, desde allí, viajar en coche hacia Vigo junto a varios compañeros —algunos amigos, otros rivales— que participaban también en la Olimpiada.

A las 15:30 hicimos una breve parada en Benavente (Zamora) para comer y reponer fuerzas. Después retomamos el camino hasta llegar, alrededor de las 20:00, a Nigrán, donde se encontraba la residencia en la que me alojaría. Tras una cena deliciosa cerca de las 21:00, nos reunimos todos los participantes para una dinámica grupal en la que nos explicaron el programa del día siguiente. Terminado el encuentro, me retiré a descansar.

El sábado me desperté a las 08:00 y bajé a desayunar. Media hora más tarde, un conductor muy amable nos llevó a la Escuela de Ingeniería de Minas y Energía de la Universidad de Vigo, donde entregamos nuestros móviles para comenzar oficialmente la prueba de la Olimpiada Geológica. Una vez terminada, tuvimos un tiempo de descanso antes de iniciar una yincana por equipos relacionada con la Geología.

Después de la yincana comimos y descansamos. A las 16:00, nos dirigimos a Baiona para disfrutar de una actividad geológica, histórica y turística que me sorprendió gratamente: el lugar tenía una belleza natural impresionante.

Al finalizar la visita regresamos a Vigo para asistir a la gala y entrega de premios. Allí se reconoció mi participación y la de mi provincia, Ávila. Aunque no conseguí subir al podio, creo sinceramente que quedé entre los 35 primeros, basándome en lo que comenté con otros concursantes.

Más tarde cenamos y subí a la habitación para cambiarme antes de la “Geofiesta” organizada para quienes quisieran asistir. Cuando terminó, me retiré de nuevo a descansar.

El domingo me desperté antes del amanecer para acercarme a la playa situada junto al albergue. Pude sentir el agua fría del mar mientras veía salir el sol, un momento inolvidable. Después regresé para desayunar, recoger mis cosas y despedirme del lugar.”

Tomé un autobús hacia Madrid y, desde allí, un tren con destino a Ávila. Fue una experiencia excelente que, sin duda, me gustaría repetir.”

DARÍO HERNÁNDEZ RODRÍGUEZ, 2º BACH B

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