Reflexión

Querido lector:
No sé si alguna vez te has parado a pensar en la cantidad de prejuicios que hay hoy en día.

La mayor parte de la gente, al ver a una persona durmiendo en un banco del parque, comienza a imaginar el motivo por el que dicha persona duerme ahí: “¿Le habrán echado de su casa? ¿Se la habrán embargado? ¿Y si es alcohólico? O toxicómano. ¿Será un delincuente? ¿Tendrá problemas psicológicos?”. Tras estas preguntas que se les vienen a la mente, he observado que hay cuatro sensaciones muy frecuentes: el miedo, la pena, la indignación (ya sea por lo injusto que es que alguien tenga que dterencontrarse en esa situación o por lo feo que queda una persona durmiendo en un parque tan bonito), e indiferencia. Dependiendo de cada persona, se tiene una sensación u otra, o incluso varias a la vez.

Y no tiene por qué tratarse de alguien que duerme en el parque. Mucha gente trata mal a personas con gustos diferentes a los suyos propios. Por ejemplo, hay gente que piensa que si vistes de negro, escuchas heavy metal o llevas piercings eres un gamberro; o que si utilizas ropa holgada, llevas rastas o escuchas reagge eres un drogadicto. Incluso hay gente que se ríe de los que estudian, de los que ven Anime, de los que escuchan música diferente, de los que creen en cosas en las que cree poca gente, o simplemente de los que tienen un color de piel diferente al nuestro.

Querido lector, está en tus manos prejuzgar a personas que, gustos aparte, son iguales que tú. Tú decides.

María Garcinuño Garrosa.  4º de ESO

Beneficios de escuchar música

¿A que muchas veces tus padres te han dicho: “deja de escuchar música, te van a arder los oídos”? Bueno pues yo te traigo unos argumentos perfectos para rebatírselo:

Para la salud:
Escuchar música es una de las pocas actividades que implican el uso de todo el cerebro, puede reducir el dolor crónico de una variedad de enfermedades dolorosas, como la artrosis y la artritis reumatoide (menudo nombre, ¿verdad?), hasta en un 21% y depresión un 25%, algo es algo ¿no?

Sirve como un distractor (esto no hace falta argumentarlo), da sensación de control y si escuchas música lenta ayuda a disminuir la respiración y el ritmo cardíaco, increíble ¿verdad?

Otro de los beneficios de escuchar música es que puede ayudar a aquellos que padecen de migraña.
Aumenta tu inmunidad: la música puede crear una experiencia emocional positiva y profunda, que conduce a la secreción de las hormonas de estimulación inmunológica.

Para el estudio:
Aumenta el rendimiento de la memoria, el aprendizaje y el coeficiente intelectual. Se ha confirmado que escuchar música o tocar un instrumento puede realmente hacer que aprendas mejor.

Así que ya sabes que contestarles a tus padres. Y si éstos te dicen: “Hoy en día a lo que vosotros llamáis música no vale una m·¬&%#”. Bueno… atrévete a escuchar a grupos que han dejado huella como Depeche Mode o Linkin Park, no creo que te decepcionen. 🙂

Jesús Vázquez Capel 3º ESO “A”

Desde Canadá (III)

SCHOOL, SPORT, HOME

I don’t like religious education very much, I don’t like mass, but never mind, once a month there is mass in the school. It the most boring thing I’m doing here. It is so bad because all people have to wear uniforms: Black pants, a white shirt and a tie. I can’t understand Why!

Well, I am going to change the thing. In my opinion, I think the Canadian schedule is better here than in Spain. Because here you only have 4 subjects every semester, so it is as If you had got 2 courses the same year. And at the end you only have got 4 final tests. I would like to have lockers in Spain. In my opinion it is a great idea. For me it is strange the sports, here sports are more important than school. For example, a lot of girls weren’t in class yesterday because they were playing volleyball in Vancouver. PE in this school is amazing because all weeks we play a different sport and the school has got a lot of facilities to practice sport.

I am learning a lot of English and Canadian culture too. My family here is incredible, they take care of me like of their kids. I am very good in their house too. If I could, I would be here all year but in one month I have to go back to Spain. Now I have a lot of homework and a little time to do it because I have to do Canadian homework and study for Canadian tests and the same from Spain and I go to soccer and cross country too. Now I am writing in the car, because we are driving to Vancouver to see Ethan’s team, to go shopping and to see the city. This weekend is Thanksgiving here and we can’t celebrate it. Next week I will go to Vancouver with the school, we will visit the planetary museum and we are going to sleep in a sleeping bag in the museum. It will be great!!! Here are some photos of Vancouver:

Como los aragoneses

Diego envió este artículo de opinión por correo. En su mensaje aseguraba con firmeza que le tendríamos por aquí con frecuencia. Aquí tienes un espacio.

COMO LOS ARAGONESES

Cuando dos personas no están de acuerdo sobre algún tema y no ceden en sus posiciones de ninguna manera, se dice que son unos cabezones, unos cazurros o se les compara con los pobres maños que tienen y tendrán ese sambenito. No sé si por ser vecinos o por otra razón pero a un 47% de catalanes de les metió el día 29 de septiembre entre ceja y ceja separarse de España cueste lo que cueste y entonar “Els segadors” a grito pelado. El resto de ciudadanos españoles no entendemos (o eso creo) la postura secesionista ni tampoco comprendemos la del gobierno central, ambos cerrados en banda sin negociar lo mas mínimo un tramo de su terreno y eso cada día que pasa empeora las cosas, porque lo único que han conseguido es dividir a la sociedad de esa comunidad y al resto de ciudadanos. Pero ¿por que ahora ese 47% se siente tan catalán? ¿Ha influido la crisis económica en ello? ¿Cuál es el objetivo real de esta hipotética independencia?

Creo sinceramente que es más sencillo que todo esto, y es que desde mi punto de vista el sentimiento nacional es una patochada que solo sirve de argumento para unas ideologías u otras. Como se dice en esa gran escena de la película “HACHE” de Adolfo Aristarain, “la patria no existe, la patria es un invento (…) tu país son tus amigos, tu barrio, tu ciudad” Creo que hay problemas más importantes en este país como para andar liando al pobre Mariano con las nacionalidades o a Más con el dichoso 3%, y no precisamente el que le falta para tener el 50% de los votos. Como habréis deducido no me posiciono ni en una trinchera ni en la otra, pero desde aquí se lo pido a la últimamente llamada “casta”, mas política y menos cazurrismo.

Diego del Pozo Bernaldo de Quirós. 2ºC Bachillerato

E-mail vs. WhatsApp

Desde mi punto de vista el e-mail utiliza un registro más formal que el sistema de mensajería instantánea o WhatsApp, ya que las personas que lo utilizan no están muy metidas en el mundo de la tecnología y por ello se expresan de forma apropiada.

whatsapp-correoConsidero que los medios que utilizamos para comunicarnos están condicionando nuestra forma de hacerlo debido a que no utilizamos expresiones correctas y acortamos las palabras

Cuando escribo con el móvil o participo en un chat, es para hablar con mis amigos o compañeros, para preguntarles los deberes, para quedar con ellos… Uso emoticonos para expresar mis emociones, acorto las palabras… Todo ello con el fin de no tener que escribir mucho. En cambio cuando uso el correo electrónico, muy ocasionalmente, suele ser para cosas formales, hablar con mis profesores, enviar trabajos…Utilizo un lenguaje formal, escrito correctamente, sin faltas de ortografía y sin emoticonos.

Yo opino que el uso de estas nuevas tecnologías empobrece la lengua, porque, como ya he dicho, no utilizamos un lenguaje correcto sino que acortamos las palabras, escribimos con faltas porque el auto-corrector las corrige o utilizamos emoticonos para sustituir palabras.

IRENE ABAJO MARTÍN. 1º ESO “A”

Visita a la Catedral.

Las alumnas del 2º curso del Ciclo Formativo de Guía, Información y Asistencia Turística realizan, a lo largo de su formación, diferentes visitas a los monumentos más destacados de la ciudad para así conocer mejor nuestro importante patrimonio cultural. En esta ocasión, visitamos la Catedral de El Salvador en Ávila.

 

Querida hermana

Guiomar Pulido, de 1º de Bachillerato, nos envía este pequeño cuento y espera que os guste. Podéis aportar vuestra opinión sobre el relato y animaros a publicar uno vuestro. ¡Gracias, Guiomar!

 

Querida hermana:

Como te prometí, estoy cumpliendo tu romántico deseo de que te contase por carta mi experiencia en el Camino de Santiago.
Al igual que en las anteriores que te he mandado, empezaré desde el principio del día.

Esta mañana salí desde Sarria en dirección a Portomarín. La niebla era baja y espesa, aportándole un toque lúgubre a mi partida. Me sumergí, como ya estoy acostumbrado, en un camino flanqueado por frondosa vegetación y barro en el suelo.
Llegué pasadas las cuatro. Al avistar el pintoresco pueblo de Portomarín me inundó una ligera satisfacción, al pensar que cada paso que doy me acerca un poco más. Espero que estar ante la tumba del apóstol me ayude a quitarme la carga que llevo por todo el daño que le hice a Esther.
Comí en un acogedor bar de paredes y bancos de madera. Una vez vuelta mi energía, envalentonado, decidí seguir hasta Palas de Rei.
El día transcurrió, parecido a los demás, pero como todos, siempre algo diferente. La cena me esperaría allí.

Anochecía, el chubasquero de plástico se me pegaba al cuerpo. La lluvia caía con fuerza, el viento me impedía ponerme la capucha y el agua me entorpecía la visión. Mientras atravesaba un sendero que cedía ante mis pies, escuché a alguien cantando. Desprevenido, un instintivo escalofrío me recorrió la espalda. Me detuve e intenté concentrarme para captar mejor el sonido de aquella voz. Inconfundiblemente cantaba en gallego, era femenina y de ritmo lento. En aquel instante no supe qué debía hacer. El sol había desaparecido ya, sepultado bajo el temporal y el agua, al igual que yo. Algo me decía que pasara de largo, no era momento para la filantropía, si alguien había decidido ahogarse expuesto ante aquella lluvia no era asunto mío. Sin embargo la curiosidad pudo conmigo.

De nuevo, en absoluto silencio, capté aquella canción. La fui siguiendo, buscando su procedencia. Continuaba lenta y hechizante. Salí del camino y me introduje entre los árboles y la hiedra. Se antojaba a una antigua melodía, de esas que se cantaban mucho tiempo atrás, en aquellos siglos en los que todavía se creía en la magia.

Las ramas bajas me rozaban la cara. Sorteé troncos y piedras, a través de la hierba alta.

De repente, cesó. Ya no oía nada. Solo el viento chocando contra el bosque y la lluvia mojando las rocas. Me sentí huérfano. Como perro sin dueño, di unos pasos vacilantes en ninguna dirección. El chubasquero me oprimía el cuello y eso solo conseguía ponerme más tenso. Me pasé nerviosamente la mano por el pelo, me daba la sensación de que el acelerado ritmo de mi corazón acompañaba el repiqueteo del agua contra el suelo. Entonces regresó, la melodía era distinta pero igual de atrayente.

Seguí avanzando, la zona se despejó un poco, la hierba fue sustituida por barro y se podía escuchar el ruido de un riachuelo. No muy lejos, distinguí una figura agachada a la orilla del pequeño río. De nuevo, un temor oculto en mi inconsciente hizo que me parase en seco. Lo más prudente sería dar media vuelta y llegar a Palas de Rei cuanto antes. ¿Quién en su sano juicio se encontraría a esas horas al raso bajo la lluvia? Demasiado tarde, aquella mujer había oído el ruido de mis botas y ahora se dirigía hacia mí.

Su figura se fue definiendo a medida que se acercaba, era una mujer de edad avanzada, pelo cano y manos encallecidas y apergaminadas. Cuando la tuve delante de mí, me sorprendió apreciar el asombroso parecido de sus rasgos con el rostro de nuestra difunta madre.

-Neno, ¿qué haces aquí con la que está cayendo?- me preguntó con un marcado acento gallego.

No pude responderle, me quedé bloqueado, no salían las palabras de mi boca. Ella sonrió con dulzura, su expresión era igual que la que mamá ponía. Creo que eso fue lo que hizo que me confiara. “Ven conmigo, te llevaré a un sitio en que podrás descansar”, murmuró con su tierna voz mientras daba media vuelta. No me resistí, de repente me sentía agotado. La seguí. La mujer fue hacia el riachuelo, recogió el cesto con ropa que había en la orilla y se dirigió hacia la espesura del bosque. Yo, obediente, la escoltaba un par de pasos más atrás. Seguimos el camino unos minutos y a continuación, ella torció a la derecha y desaparecimos entre los árboles. La lluvia caía incesante y mis botas resbalaban en el barro. Me pesaban los pies y tenía ganas de llegar a donde estuviésemos yendo. El suelo se puso en pendiente y noté cómo mis fuerzas decaían, en cambio, la anciana avanzaba decidida, ¿de dónde sacaba esa energía?

-Neno, ¿sabes que me recuerdas al marido de mi hija?-preguntó de repente.
-Qué coincidencia, porque usted se parece mucho a mi madre – comenté.
Ella giró la cabeza para poder mirarme con una suave sonrisa. El silencio volvió mientras seguíamos avanzando cuesta arriba entre los árboles. La oscuridad se había cernido ya sobre nosotros. Los músculos me dolían a cada paso.
-Él la pegaba -dijo de improviso la mujer- Fillo de puta. En realidad no la quería, pero les obligué a casarse porque la dejó embarazada. Me arrepiento de ello todos los días de mi vida, a pesar de que eso pasó hace mucho tiempo-.

Me sentí muy incómodo, vi la imagen de Esther ante mí, vi su rostro golpeado y sus ojos vacíos. Todo por mi culpa. Deseé que la anciana dejase ese tema, me traía recuerdos que quería olvidar.

-Neno, ¿tú te arrepientes de algo?- continuó ella, ante mi silencio siguió hablando- Una noche, la pegó tal paliza que la dejó inconsciente, él huyó bajo la lluvia y no volvió nunca. Mi hija perdió a su bebé en el parto, cayó en depresión y al no poder soportar la pena se quitó la vida-.

La pendiente tornó en llano. Frené para tomar aliento. No sabía que significaba todo aquello, ¿por qué me contaba eso? ¿adónde íbamos? Me dolía todo el cuerpo, me costaba respirar, la lluvia y la oscuridad no me permitían ver a más de unos metros. Me pesaba el mundo en los hombros. La anciana al ver que me había parado retrocedió unos pasos para que pudiera oírla con claridad:

-Cada noche bajo a ese riachuelo para lavar la mancha que dejó la sangre de mi hija en su vestido. Pero nunca se va. Podré teñir las aguas de rojo toda la eternidad, porque esa sangre tibia no desaparecerá jamás – susurró con voz lúgubre – la culpa nunca desaparece.

Mi mirada tuvo que impregnarse de terror porque su expresión pareció complacida. Me tomó del brazo.

-Ya estamos llegando- me dijo.

Los árboles desaparecieron y dieron paso a un claro bañado por la luz de la luna. Esa melodía hechizante que me había atraído hasta aquella mujer volvía a ser cantada, esta vez por varias voces. Pude vislumbrar sobre la hierba unas figuras alrededor de una gran hoguera. El miedo me invadió, me latían las sienes y una idea imposible aparecía en mi cabeza. La mano de la anciana me devolvió a la realidad.

-¿Qué es esto?- pregunté evitando que se me quebrara la voz.-Aquí podrás descansar en paz – su dedos se aferraron a mi piel como garras. Me sentí mareado, la canción lo invadía todo y me venían arcadas.

-¿Por qué?- conseguí pronunciar a punto de perder la consciencia.

-Porque tú eres como él, porque tú mataste a mi hija y juré darle mi alma al Diablo a cambio de poder vengarme y acabar con hombres como tú – gritó fuera de sí.

Ante mí apareció de nuevo el rostro de Esther, pero no estaba magullado ni sus ojos vacíos. Tan solo me miraba con indiferencia. Las figuras se abalanzaron sobre mí mientras la melodía seguía retumbando en el bosque.
“Haberlas, haylas” susurró la anciana. O tal vez solo fue el viento en mi oído.

Ahora hermana debo hacerte una última pregunta: ¿crees que soy yo quién te escribe esta carta?

Hoy, una pizquita.

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Otro poquitín, y sin ruido.

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Un poquitín

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